Inversiones · Análisis
Financiación circular: la advertencia del BIS sobre el dinero que da vueltas en la IA
El «banco central de los bancos centrales» pone cifras a un riesgo del que se hablaba en voz baja: parte de los ingresos del boom de la IA es capital reciclado, y la fiesta se financia cada vez más con deuda.
Imagina que tienes un molino de harina y le prestas dinero a tu vecino para que abra una panadería, con una condición: la harina me la compras a mí. Cada mes tu molino factura más… pero esas ventas se pagan con el dinero que tú mismo le prestaste. Sobre el papel, tu negocio crece; en realidad, estás cobrando con tu propio dinero. Algo parecido está ocurriendo, a escala de cientos de miles de millones de dólares, en el corazón del boom de la inteligencia artificial. Y esta vez quien avisa no es un bloguero pesimista: es el Banco de Pagos Internacionales (BIS).
En su último informe, el BIS dedica un gráfico completo —el ya famoso «Graph 13″— a explicar por qué el crédito corporativo está expuesto a una repreciación, una corrección brusca, si los resultados de la IA no cumplen las expectativas. El argumento se apoya en tres patas.
1. El boom ya no se paga con beneficios: se paga con deuda
Entre 2017 y 2023, los hyperscalers (Microsoft, Google, Amazon, Meta…) y los proveedores de infraestructura emitían entre 100.000 y 200.000 millones de dólares al año en deuda a largo plazo. Cifras enormes, pero manejables para empresas que generan caja a espuertas.
En 2025 la cosa cambió de escala: las emisiones superaron los 300.000 millones de dólares en un solo año, con los hyperscalers concentrando la mayor parte. El mensaje es claro: los centros de datos, los chips y la energía que exige la IA ya no se financian solo con los beneficios del negocio. Se financian, cada vez más, con bonos. Y quien emite bonos contrae compromisos que hay que pagar llueva o truene, gane la IA dinero o no.
2. El mercado ya cobra una prima por el riesgo IA
Aquí conviene explicar un concepto: el CDS (credit default swap) es, simplificando, un seguro contra el impago de una empresa. Si el precio de ese seguro sube, el mercado ve más probable que la empresa tenga problemas para pagar sus deudas.
El BIS compara la evolución desde enero de 2025 de dos líneas: los CDS de las empresas de IA con rating BBB o superior, frente al índice general de empresas con grado de inversión de Norteamérica. Durante meses se movieron juntas. Pero desde finales de 2025 han divergido de forma llamativa: los seguros de impago de las firmas de IA se han encarecido en torno a 10-15 puntos básicos, mientras que los del resto del mercado se han abaratado en una magnitud similar.
Prestar dinero a una empresa de IA ya cuesta más que prestárselo a una empresa comparable de cualquier otro sector. El mercado de crédito, que suele oler los problemas antes que la bolsa, ha empezado a preciar el riesgo IA por separado.
3. La financiación circular está en todas partes
Y llegamos al plato fuerte. El BIS cuantifica por primera vez cuánto de los grandes compromisos anunciados en el sector es financiación circular: acuerdos en los que el hyperscaler toma una participación accionarial en un laboratorio de IA (OpenAI, Anthropic, xAI…) a cambio de que ese laboratorio se comprometa a comprarle capacidad de computación. Yo te doy capital; tú me lo devuelves en forma de ingresos. El dinero da la vuelta completa y regresa a quien lo puso, pero ahora contabilizado como facturación.
Las cifras, con los compromisos plurianuales anunciados hasta abril de 2026:
- Los laboratorios de IA tienen comprometido un gasto de unos 800.000 millones de dólares… y más de la mitad corresponde a estructuras circulares.
- Los hyperscalers tienen comprometidos ingresos por unos 600.000 millones, de los que también más de la mitad es circular.
- En los fabricantes de chips, los ingresos comprometidos (~110.000 millones) son casi íntegramente circulares, reflejo de las inversiones de Nvidia en sus propios clientes.
Más de la mitad del gasto comprometido por los laboratorios de IA —y de los ingresos comprometidos de los hyperscalers— procede de acuerdos circulares en los que el capital invertido regresa como facturación. Cifras aproximadas leídas del gráfico del BIS.
El mapa que lo dibuja: todos conectados con todos
Si el gráfico del BIS pone las cifras, un gráfico de Bloomberg publicado en junio de 2026 pone la imagen: una telaraña de flechas de servicios, inversión y hardware entre las grandes del sector, donde casi todas las flechas van y vuelven.
Nvidia invierte en OpenAI; OpenAI le compra chips. El proveedor financia a su cliente y contabiliza la vuelta como ingreso.
Microsoft toma participación en OpenAI; OpenAI consume su nube Azure. El capital invertido regresa como facturación cloud.
Ambos invierten en Anthropic; Anthropic les compra computación. El mismo bucle, con dos financiadores a la vez.
Las valoraciones dan la escala del tablero: Nvidia en 5 billones de dólares, Google en 4,4, Microsoft en 3,1, Amazon en 2,6, Anthropic en 965.000 millones y OpenAI en 852.000 millones. Como detalle de la época: SpaceX anunció en febrero de 2026 su fusión con xAI, creando una entidad de 1,25 billones que ya ha solicitado salir a bolsa por casi 1,77 billones.
¿Estamos ante las puntocom otra vez?
El paralelismo histórico es inevitable: en la burbuja de las telecos del año 2000, fabricantes como Lucent o Nortel practicaban el vendor financing, prestando dinero a sus propios clientes para que les compraran equipos. Cuando esos clientes quebraron, los «ingresos» se evaporaron y arrastraron a los prestamistas. Pero seamos honestos con los matices:
| Lo que es distinto (a favor) | Lo que se parece (en contra) |
|---|---|
| Los hyperscalers generan flujos de caja reales y enormes, con balances fortaleza. Las telecos del 2000 no tenían nada de eso. | Ingresos parcialmente inflados por capital reciclado, igual que el vendor financing de entonces. |
| Sus servicios de IA ya facturan a millones de clientes finales de verdad. | Inversión financiada con deuda creciente: +300.000 M$ en un solo año. |
| Una parte sustancial de los compromisos —el tramo «de mercado»— responde a demanda genuina. | Valoraciones que descuentan la perfección, con los CDS insinuando ya el nerviosismo. |
El ecosistema de la IA se sostiene parcialmente sobre ingresos que en realidad son capital reciclado, y ese castillo se financia cada vez más con deuda. Si los ingresos reales de cliente final decepcionan, la cadena se tensa por el eslabón del crédito: exactamente la repreciación de la que avisa el BIS.
Qué vigilar como inversor
- Los spreads de crédito del sector IA. Si la divergencia con el índice BBB general sigue ampliándose, el mercado de bonos está subiendo el volumen de la alarma.
- La proporción circular de los nuevos acuerdos. Cada megacontrato que se anuncie merece la pregunta: ¿quién pone el dinero y a quién vuelve?
- El ritmo de emisión de deuda de los hyperscalers. Mientras el capex se financie con bonos, los tipos de interés y el apetito del mercado de crédito mandan.
- Los ingresos de cliente final. La variable que lo decide todo: si la IA genera facturación real suficiente, la circularidad se diluye; si no, se convierte en el detonante.
Para el inversor de a pie, la lección no es «vender todo lo que huela a IA», sino entender que parte del crecimiento que ves en los titulares es dinero dando vueltas en círculo, y que la exposición al sector —directa o a través de fondos indexados, donde estas compañías pesan muchísimo— conviene dimensionarla sabiéndolo. La diversificación no es una frase de manual: es el seguro barato contra el día en que la música pare.