Inflación en España: el IPC se dispara al 4,3 %, máximo desde 2023 (y cómo se nota en el día a día)
El avance de agosto rompe todas las previsiones: siete décimas de golpe por los carburantes. Pero el dato asusta más de lo que cuenta: la inflación de fondo, la subyacente, baja al 2,9 %. Te lo explicamos sin tecnicismos.
El último dato: 4,3 %
Según el indicador adelantado que publicó el INE el 28 de agosto, la inflación se disparó al 4,3 % interanual, siete décimas por encima del 3,6 % de julio. Es la tasa más alta desde febrero de 2023, la primera vez por encima del 4 % desde abril de aquel año, y ya son seis meses seguidos por encima del 3 %. En su versión armonizada europea (IPCA), la tasa escaló al 4,5 %. El dato es un avance: el definitivo, con todo el detalle, se publica el 15 de septiembre.
Pero el titular tiene trampa, y conviene decirlo pronto: la inflación subyacente —la que deja fuera la energía y los alimentos frescos, y refleja mejor las presiones de fondo— bajó una décima, hasta el 2,9 %. Es decir: el fuego está muy localizado en los combustibles, no extendido por toda la cesta. La distancia entre lo que dice el titular (4,3 %) y lo que dice el fondo (2,9 %) es de 1,4 puntos, la mayor en mucho tiempo.
Cómo hemos llegado aquí: el golpe de marzo (y el acelerón del verano)
Hasta principios de 2026 la inflación parecía bajo control: enero y febrero cerraron en el 2,3 %. Entonces llegó el shock energético. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz dispararon el petróleo y el gas, y el IPC saltó al 3,4 % en marzo. Después vino el verano fiscal: a finales de junio se recuperó el IVA de los carburantes, la bonificación en el surtidor bajó a 0,15 €/litro en julio y a 0,10 €/litro en agosto. Y en agosto se sumó un efecto matemático que explica buena parte del salto: se compara con un agosto de 2025 en el que los carburantes bajaron. Este año suben, y esa comparación infla la tasa. A los combustibles se añaden los alimentos, que descienden menos que hace un año.
Inflación interanual (IPC general) en España, julio 2025 – agosto 2026. Datos del INE; agosto es el indicador adelantado.
La inflación en perspectiva: la última década
Para no perder de vista el bosque: el 4,3 % de ahora molesta, pero está lejísimos del huracán de 2022, cuando la inflación media tocó el 8,4 % por la guerra de Ucrania y el shock energético. Esta es la foto de los últimos diez años (media anual de cada ejercicio):
Inflación media anual (IPC) en España, en %. 2016-2025 son datos definitivos del INE; *2026 es previsión media (Bankinter, julio 2026).
La década deja tres lecciones. Primera, que España vivió incluso años de precios planos o a la baja (2016 y 2020). Segunda, que el episodio de 2021-2022 fue extraordinario, no la norma. Y tercera, que desde 2023 la inflación ha bajado mucho, pero se ha quedado pegajosa por encima del objetivo del BCE, y este verano ha vuelto a acelerar con fuerza. Bajar del 8 % al 3 % fue relativamente rápido; recortar ese último tramo hasta el 2 % está costando bastante más… y de momento nos alejamos.
El efecto acumulado: lo que cuestan hoy 100 € de 2020
Las tasas anuales se olvidan rápido, pero los precios se acumulan y no se deshacen. Encadenando las medias anuales del INE, la cesta se encareció un 22,1 % entre 2021 y 2025. Y si sobre eso aplicamos el último dato conocido —el 4,3 % del avance de agosto—, el acumulado desde 2021 supera ya el 27 %. Dicho en euros: lo que en 2020 costaba 100 €, hoy cuesta unos 127 €.
Coste de una compra de 100 € de 2020, según la inflación media de cada año. Cálculo propio con datos del INE; *2026 aplica el último dato interanual (4,3 %, avance de agosto) sobre la media de 2025.
Este gráfico explica por qué la sensación de carestía no desaparece aunque los titulares digan que «la inflación baja»: la tasa mide la velocidad, no el nivel. Los precios ya no corren al 8 %, pero todo lo que subió en 2021-2022 se quedó, y cada año por encima del 2 % añade otra capa. Es también la referencia útil para tus propias cuentas: un sueldo, una pensión o un alquiler que no haya subido en torno a un 27 % desde 2020 ha perdido poder de compra por el camino.
General y subyacente: una brecha de 1,4 puntos
El IPC general incluye todo, también lo más volátil (gasolina, luz, alimentos frescos). La subyacente quita esos elementos y mide la presión «estructural» de los precios. Y agosto deja la divergencia más llamativa en años: mientras la general se dispara al 4,3 %, la subyacente baja al 2,9 %. Esa brecha de 1,4 puntos es la clave para leer bien el dato: el problema está concentradísimo en la energía y en efectos de comparación con el año pasado, no en un recalentamiento general de la economía. Es una diferencia importante, porque lo que viene de la energía puede darse la vuelta rápido… para bien o para mal.
Las tres referencias de agosto de 2026 (indicador adelantado). La brecha entre el titular y el fondo se abre a 1,4 puntos.
La trampa de la subyacente
Dicho todo lo anterior, cuidado con quedarse con el mensaje de que «el fondo está bien». La subyacente es un termómetro pensado para el BCE, no para tu cartera: quita la energía y los alimentos frescos porque son volátiles y distorsionan la señal de política monetaria. El problema es que quita justo lo que no puedes dejar de comprar. Nadie llena el depósito, paga la luz o hace la compra «sin volátiles». Que la subyacente esté en el 2,9 % y tu gasolinera te cobre un 15 % más que hace un año son dos cosas perfectamente compatibles: una mide la tendencia estructural, la otra es tu vida.
Y hay una segunda trampa, aún mayor: la vivienda casi no está en la foto. El IPC mide consumo, así que comprar una casa no cuenta (la estadística lo considera inversión, no consumo). El grupo «vivienda» que veías en el desglose mide sobre todo los suministros —luz, gas, agua— y los alquileres, pero con un peso pequeño en la cesta y recogiendo las rentas de los contratos vigentes, que suben limitadas por sus actualizaciones anuales, no los precios de mercado que encuentra quien busca piso hoy. Resultado: ni el 4,3 % general ni el 2,9 % subyacente capturan lo que de verdad le está pasando al mayor gasto de la vida de la mayoría de la gente.
Vivienda contra cesta: cinco años de carrera desigual
Los números cantan. Mientras la cesta de la compra acumula esa subida de en torno al 27 % que veíamos antes, el precio de comprar vivienda ha subido un 51 % en cinco años (encadenando las tasas anuales del IPV del INE entre el primer trimestre de 2021 y el de 2026, con la usada creciendo ahora al 13,5 %, su récord histórico). Y el alquiler que encuentra quien sale hoy al mercado se ha encarecido casi un 70 %: el precio medio de publicación ha pasado de 934 € al mes a principios de 2021 a 1.585 € a mediados de 2026, y el metro cuadrado marca máximos históricos en 15,3 €.
Subida acumulada aproximada en los últimos cinco años. Cesta: IPC desde 2020 (cálculo propio, INE). Compra: IPV del INE, 1T2021-1T2026. Alquiler: precio de publicación, 1T2021-2T2026 (Brains RE).
Esta es la inflación que no sale en el titular: la de quien intenta emanciparse, mudarse o comprar. Y explica una paradoja que quizá hayas sentido: que te digan que «la inflación está en el 4,3 %» —o que «el fondo está en el 2,9 %»— y a ti la vida te parezca bastante más cara que eso. Si tu gran gasto pendiente es un techo, tu inflación personal de estos cinco años no ha sido del 27 %; ha estado mucho más cerca del 50-70 %.
Qué está tirando de los precios
El protagonista absoluto son los combustibles. Se juntan tres cosas a la vez: el petróleo caro por el conflicto en Oriente Medio, la retirada gradual de las ayudas fiscales (el IVA recuperado y la bonificación que baja a 0,10 €/litro en agosto) y el efecto comparación con un agosto de 2025 en el que los carburantes bajaron. En julio —el último mes con desglose completo— el gasóleo ya subía un 15,7 % interanual y la electricidad era el componente más inflacionista del mes, tras la vuelta del IVA de la luz y el gas al 21 %. El Gobierno ha extendido parcialmente las medidas de alivio hasta septiembre, incluida la eliminación progresiva del impuesto a la producción eléctrica, lo que amortigua el golpe pero lo reparte en el tiempo.
En el lado bueno, los alimentos siguen contenidos: en julio subían solo un 1,6 % interanual, la partida más moderada de la cesta junto a muebles y hogar. En agosto bajan de precio, aunque menos que el año pasado, y por eso también suman alguna décima a la tasa. Aun así, la compra semanal ha dejado de ser el foco del problema.
La cesta, grupo a grupo: qué sube más (y qué baja)
El avance de agosto no trae desglose fino (llegará con el dato definitivo el 15 de septiembre), así que el detalle más reciente es el de julio. Y deja claro dónde está concentrada la subida: solo tres partidas —transporte, vivienda y hostelería— superaban al índice general; el resto de la cesta se movía por debajo, y la ropa y el calzado era el único grupo con precios en negativo (−2,2 % interanual):
Tasa de variación anual del IPC por grupos de consumo, julio de 2026 (último desglose disponible). En dorado, los grupos que suben más que el índice general. Datos del INE.
La lectura es la misma que venimos contando, pero en una sola imagen: la inflación de 2026 es, sobre todo, una inflación de energía y servicios. Transporte y vivienda concentran el efecto de los carburantes y la luz, la hostelería refleja la presión de los servicios en plena temporada de verano, y casi todo lo demás se mueve ya en la zona del 2 %… o por debajo. Todo apunta a que el desglose de agosto acentuará aún más ese contraste.
Dónde se nota una inflación del 4,3 %
Tu dinero parado pierde valor
Con una inflación del 4,3 %, 10.000 € en una cuenta sin remunerar pierden unos 430 € de poder de compra en un año. El dinero «quieto» no es neutro: encoge.
Tu hipoteca variable se encarece
Con estos datos, el BCE tiene difícil relajar los tipos, y el euríbor sigue escalando: julio cerró en el 2,855 % y la media de agosto ronda el 2,94 %, con el dato diario rozando el 3 %. Las próximas revisiones llegarán más caras.
Inflación más baja no es precios más bajos
Que la tasa baje solo significa que los precios suben más despacio, no que bajen. El encarecimiento de estos años se queda; la cesta no «devuelve» lo subido.
Tu ahorro tiene que correr más
Para no perder poder adquisitivo, tus ahorros necesitan rentar por encima del 4,3 %. Un depósito al 2 % suena bien, pero en términos reales pierde más de dos puntos al año.
¿A quién no le viene tan mal la inflación?
Circula una idea con cada vez más adeptos: que la inflación no se combate con más ganas porque al propio Estado le conviene. Antes de despacharla como teoría de la conspiración —o de comprarla entera—, merece la pena mirar los números, porque el mecanismo existe y es perfectamente medible. Cuando todo sube, el Estado ingresa más de forma automática: el IVA es un porcentaje del precio, así que cada subida de la gasolina o de la cesta engorda la recaudación sin tocar una sola ley. Y en el IRPF ocurre algo más fino, la llamada progresividad en frío: si tu sueldo sube con la inflación pero los tramos del impuesto no se actualizan, acabas pagando un porcentaje mayor por el mismo poder adquisitivo. España lleva años sin deflactar la tarifa estatal: con una inflación acumulada del 23 % desde 2018, ese ajuste que nunca llega se estima en más de 27.000 millones de euros extra solo entre 2019 y 2023, y en entre 250 y 2.100 € al año por contribuyente según ingresos y territorio. Y no es un argumento de tertulia: el propio FMI señala la no deflactación de los tramos del IRPF como una de las causas de la mejora de las cuentas públicas españolas.
El segundo beneficio es la deuda. Con una deuda pública que supera el 100 % del PIB, la inflación es el mejor aliado que puede tener un deudor: infla el PIB y la recaudación en términos nominales, con lo que el ratio de deuda baja sin pagar un euro de más, y devalúa lo que se debe exactamente igual que devalúa tus ahorros. El resultado de estos años está a la vista: presión fiscal en máximos históricos (el 38 % del PIB en 2025), recaudación récord por encima de los 325.000 millones y un déficit a la baja, mientras la recaudación por IRPF crece este año en torno al 11 %, el doble de lo que crece la economía.
¿Significa eso que la inflación «se provoca» a propósito? Ahí ya entramos en el terreno de la interpretación, y conviene ser honestos: los tipos de interés los fija el BCE, que no depende de ningún gobierno, y el episodio actual tiene causas bien identificables (la guerra, la energía, los impuestos que vuelven). Pero lo que no es ninguna teoría es la asimetría de incentivos: la misma inflación que castiga tu bolsillo alivia las cuentas públicas, y quizá por eso las compensaciones —deflactar el IRPF, por ejemplo— nunca llegan solas. Seas del bando que seas en este debate, la conclusión práctica es idéntica: nadie va a proteger tu dinero por ti.
Qué se espera para lo que queda de año
El 4,3 % ha pillado a todos con el pie cambiado: llegó seis décimas por encima de lo que proyectaba Funcas y supera ya el pico del 3,6 %-3,7 % que Bankinter esperaba para final del tercer trimestre, así que es probable que las previsiones se revisen al alza en las próximas semanas. Las referencias oficiales, de momento, siguen siendo un cierre de diciembre en torno al 3,3 % y una media anual del 3,2 % en 2026, con moderación hacia el 2,7 % de media en 2027. Hay un motivo para no extrapolar el susto: buena parte del salto de agosto es efecto comparación con los carburantes baratos del verano pasado, y ese efecto se deshace solo con el paso de los meses si el petróleo no vuelve a tensarse. La primera pista llegará el 15 de septiembre, con el dato definitivo y el desglose completo.
La idea para quedarse: el 4,3 % impresiona, pero conviene leerlo entero: es sobre todo energía y efecto comparación, y la inflación de fondo sigue cerca del 3 %. Aun así, con los precios corriendo a este ritmo y el euríbor rozando el 3 %, lo que más protege no es adivinar el próximo dato, sino poner tu dinero a trabajar por encima de la inflación y revisar el coste de tus deudas.
En Economía Responsable traducimos los datos en decisiones: qué hacer con tu ahorro, tu hipoteca y tu cesta cuando los precios aprietan.
Datos del IPC a agosto de 2026 (indicador adelantado del INE, publicado el 28/08/2026; el dato definitivo se publica el 15/09/2026), desglose por grupos con el dato definitivo de julio, previsiones del Departamento de Análisis de Bankinter y de Funcas, y euríbor de euribordiario.es (media provisional de agosto a fecha de redacción). Las cifras de agosto son un avance y pueden revisarse. La inflación acumulada desde 2021 es un cálculo propio encadenando las medias anuales del INE, aplicando para 2026 el último dato interanual disponible (avance de agosto). La subida acumulada de la vivienda en compra es un cálculo propio encadenando las tasas anuales del Índice de Precios de Vivienda del INE (1T2021-1T2026); la del alquiler corresponde al precio medio de publicación de pisos (Brains RE, 1T2021-2T2026), con el €/m² de idealista (julio 2026) como referencia de mercado; el alquiler de oferta refleja los anuncios, no las rentas de contratos vigentes. Los datos fiscales (recaudación, presión fiscal y efecto de la no deflactación del IRPF) proceden de la Agencia Tributaria, el Instituto Juan de Mariana (Impuestómetro 2026), el REAF y el FMI. Este contenido es informativo y educativo y no constituye asesoramiento financiero personalizado; cada persona debe valorar su situación y, si lo necesita, consultar a un profesional. @economiaresponsable